¿En verdad usamos nuestro derecho de pensar y
expresarnos libremente?
El pasado viernes fui a la conferencia de Denise
Dresser, me sorprendí cuando vi que la mayoría del público eran personas
mayores, sin embargo, estudiantes o jóvenes habíamos muy pocos presentes. La conferencia
contó con bastante publicidad y el costo de entrada fue muy accesible.
Denise pregunto si conocíamos a nuestro diputado. Solo
cinco personas levantaron la mano, después supe que es el ex presidente
municipal Martín Heredia, que estudio Ingeniería
Química Industrial en el Instituto Politécnico, que
fue director administrativo del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de
los Trabajadores del Estado y es dueño de
Pizza Xtreme Factory con 35 sucursales. Diputado: el que
discute y regula las leyes de la sociedad la cual lo escogió.
Habíamos cerca de quinientas personas en ese salón y la mayoría no sabíamos
como se llamaba el diputado, lo que quiere decir, que no expresamos y no nos
inquieta proponer, exigir e informarnos. Podemos saber cuanto gasta el presidente
y su familia en su viaje a Londres o la primera dama nos puede explicar su
misteriosa adquisición de su casa con valor de 7 millones de dólares, y nosotros
solo hacemos
un video de parodia de la situación, lanzamos twits ofensivos y dejamos que
pase.
Entonces, ¿Nuestro derecho a pensar y expresarnos solo es para crear relevancia en redes sociales?
Hay jóvenes que buscan la sensación de trascender por medio de la
popularidad que les ocasiona tener miles de likes, me gusta, shares, retweets, rebloggs, visitas en sus vídeos o comentarios sobre algún acontecimiento
insustancial. La mayoría hace grandes cantidades de vídeos por dinero, en
cambio, si no existiera remuneración de por medio, no elaborarían tantos.
No pienso que este mal estar activo en redes sociales ya que nos conecta y
acerca con personas.
Pero si nosotros los jóvenes usáramos correctamente nuestra manera de
expresión desde el punto de vista de la solución, creáramos campañas, redes y
círculos de exigencia; haríamos entrevistas enfrentando a quienes no hacen bien
su trabajo; publicaríamos artículos en los cuáles expresáramos el crudo
panorama de lo que pasa; usar nuestra libre expresión para dar a conocer los
actos negativos y perjudiciales que cometen nuestros gobernantes y aportar
soluciones, sin sólo hacer parodias y burlarnos de la irreverencia política y
pública desde nuestra computadora.
Expresarnos debidamente y decir lo que pensamos de manera congruente mejoraría
nuestra educación y participación ciudadana.
Considero que es sano reírse un poco de las adversidades que enfrenta
nuestro país, pero algunas veces posee más connotaciones negativas que
positivas.
Les comparto lo que dijó la doctora Dresser, parafraseando: “los diputados son en
realidad nuestros empleados y
hay que tratarlos como tal, debemos exigir declaraciones que nos informen de
los acontecimientos que estén haciendo o, en su caso, que realizarán en el
futuro”.

1 comentario:
Comparto tu opinión, el desconocimiento y la apatía no alientan la discusión y no promueven el cambio social.
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