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viernes, 13 de marzo de 2015

Derecho a la libre expresión: malgastado

¿En verdad usamos nuestro derecho de pensar y expresarnos libremente?

El pasado viernes fui a la conferencia de Denise Dresser, me sorprendí cuando vi que la mayoría del público eran personas mayores, sin embargo, estudiantes o jóvenes habíamos muy pocos presentes. La conferencia contó con bastante publicidad y el costo de entrada fue muy accesible.
Denise pregunto si conocíamos a nuestro diputado. Solo cinco personas levantaron la mano, después supe que es el ex presidente municipal Martín Heredia,  que estudio Ingeniería Química Industrial en el Instituto Politécnico, que fue director administrativo del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado y es dueño de Pizza Xtreme Factory con 35 sucursales. Diputado: el que discute y regula las leyes de la sociedad la cual lo escogió.

Habíamos cerca de quinientas personas en ese salón y la mayoría no sabíamos como se llamaba el diputado, lo que quiere decir, que no expresamos y no nos inquieta proponer, exigir e informarnos. Podemos saber cuanto gasta el presidente y su familia en su viaje a Londres o la primera dama nos puede explicar su misteriosa adquisición de su casa con valor de 7 millones de dólares, y nosotros solo hacemos un video de parodia de la situación, lanzamos twits ofensivos y dejamos que pase.
Entonces, ¿Nuestro derecho a pensar y expresarnos solo es para crear relevancia en redes sociales?
Hay jóvenes que buscan la sensación de trascender por medio de la popularidad que les ocasiona tener miles de likes, me gusta, shares, retweets, rebloggs, visitas en sus vídeos o comentarios sobre algún acontecimiento insustancial. La mayoría hace grandes cantidades de vídeos por dinero, en cambio, si no existiera remuneración de por medio, no elaborarían tantos.

No pienso que este mal estar activo en redes sociales ya que nos conecta y acerca con personas.
Pero si nosotros los jóvenes usáramos correctamente nuestra manera de expresión desde el punto de vista de la solución, creáramos campañas, redes y círculos de exigencia; haríamos entrevistas enfrentando a quienes no hacen bien su trabajo; publicaríamos artículos en los cuáles expresáramos el crudo panorama de lo que pasa; usar nuestra libre expresión para dar a conocer los actos negativos y perjudiciales que cometen nuestros gobernantes y aportar soluciones, sin sólo hacer parodias y burlarnos de la irreverencia política y pública desde nuestra computadora.
Expresarnos debidamente y decir lo que pensamos de manera congruente mejoraría nuestra educación y participación ciudadana.

Considero que es sano reírse un poco de las adversidades que enfrenta nuestro país, pero algunas veces posee más connotaciones negativas que positivas.

Les comparto lo que dijó la doctora Dresser, parafraseando:  “los diputados son en realidad nuestros empleados y hay que tratarlos como tal, debemos exigir declaraciones que nos informen de los acontecimientos que estén haciendo o, en su caso, que realizarán en el futuro”.

1 comentario:

Communis.Com dijo...

Comparto tu opinión, el desconocimiento y la apatía no alientan la discusión y no promueven el cambio social.